Los días que me levanté pensando que ya estabas despierto. Los días que me despertaste vos. Las veces que dijiste cosas horribles, como si quisieras verme sangrar. Sabés, extirpámelo. No quiero esto. No lo quería en aquel momento, y aunque lo abracé, ahora no. Mi estadío destructivo y yo estábamos bien. El harén estaba bien. El control y la pérdida del mismo de la mano de la violencia, también estaban bien. Ahora soy dependiente. Ahora creo en la insuficiencia. Creo en el ser insuficiente. Por cada desliz de tu dedo sobre mi mano, por cada abrazo eterno hay un puñal simultáneo que se clava en mi sien. Recordándome la imperfección de lo perfecto. La respuesta siempre es que no quiero. Que no quiero esto, que no quiero aquello, pero definitivamente tampoco quiero dejar de sentir todo lo que me provoca respirarte, tenerte cerca. Lo podemos cambiar, lo podemos cambiar por la libertad, por la parcimonia. Vos podés volver al pasado, continuar con la apatía. Yo puedo moverme. Siempre habré de moverme.
24.10.11
Me miró a la cara y me dijo “ésta es la promesa de algo mejor”. Ahí, desde abajo, desde los diez centímetros menos que yo de altura que tiene. Hizo ese gesto con la mano, con el que generalmente sostiene la mayoría de los objetos que sus huesudos dedos de uñas cortas tocan. Y pintadas. Y mal pintadas, horriblemente pintadas, con algún color extravagante. Yo nuncá llegué ahí y sin embargo estoy acá. Como si fuera un honor.
Entonces lo que tengo que entender por el regalo aquel es que siempre que alguien traiga entre sus manos algo que menosprecia, porque promete la venida de otro mejor, quita el valor que podría haber tenido subjetiva y objetivamente en cualquier circunstancia el objeto en cuestión.
Entonces veo que la promesa, el juramento, es la latencia de que en otro contexto, lo venidero será más ameno que lo actual. Ante los ojos del condicionante, claro está. Porque el libro no era malo, y yo a ella la quería. Y todavía la quiero, pero nunca me regaló otra cosa.
Ahora, el día que me dijiste “vos sos lo más lindo que tengo”, que en realidad no sé si era la conjunción de mi llanto ridículo con un “yo también”, y hacías ese gesto con el brazo, ¿me estabas prometiendo que después venía algo más ameno?, que lo hacías por la pura e innecesaria colisión de ambos en un punto intermedio glorioso que extraño la mayor parte del tiempo. Sobretodo la decisión de reventarme constantemente y resfregarme sobre vos para poder extraer cualquier tipo de fluido que te pudiera hacer sentir caliente. Estoy transfiriendo, ya sé. Pero más que caliente, importante. Insensato, necesario, suficiente. Caliente. Atroz.
Es difícil remontar las situaciones cuando creés que ya dijiste todo. Cuando estás convencido de haberlo hecho. Cuando sabés que te mordiste el labio, y lo seguirías haciendo.
Acababa de llegar
estabas incandescente
y el premio era mío
nada que no cueste sentirse molido a palos
tan temprano como para decir
que quiero algo
que voy a conseguirlo
la carne es débil
pero quizás la lengua
llegó inclusive más lejos que la pija
que la mano.
Me arde (un poco)
en avión
(y a unos cuantos)
incandesente
como cuando te morís sin estar seguro
inventaste todo lo que te hace bien
lo que te hace mal
pero el viernes te consagraste
inmóvil
(es que hay gente)
un día te tiré arriba de la cama
abri la caja
y te arranqué todo
te hice llorar
estás verde
pero no vengo a envidiar el pasado
sólo quiero arrancarte la yugular
quería que me sacaras de casa
pero me metiste más
agujereando cada puto mueble
(giraste)
metiendo cada parte
de mi descuartización
adentro de cada uno
cómo compaginás estar herido
(y estar mojado)
masoquismo: nunca estuve tan caliente como cuando me hiciste sangrar
reproducirlo hasta el hartazgo
no va a ser lo mismo
despertarme con fiebre y lastimarme
no va a ser lo mismo
masturbarme
pero me estoy divirtiendo tanto.
el gesto automático es agachar la cabeza, en una suerte de ridícula alegoría.
me gustaba que se dejara el pelo largo.
la casa es un desastre,
los días son más cortos,
hace unos años me pidió que nunca dejara de ser libre.
me dejó
el tiempo
las armas
la ridícula melancolía de la adolescencia
hundida en una suerte de pedestal
que construyó para rendirle culto a mis piernas
para mirarme desde abajo y decirme
que tengo el valor para desagotar la tormenta.
arrancado con violencia de mi vista
lo de atrás ya pasó
me arden las yemas de los dedos
me revuelvo el pelo
de nuevo
para despeinarme
separo
los
sonidos
de
a
uno
poder presenciar la última gota de silencio
de los escombros
entre edificio y otro
de una casa que acaban de demoler
desmantelar
antes el mundo
se iba a desarmar
(lo mismo había con qué pegarlo)
y lo quería más que al viento,
pero volcó la taza.
Cuando hace frío generalmente es tarde. Yo te dije. Tantas veces. La verdad es que te extraño. La reconstrucción del bloque del pasado, única, la hago por partes. No pienso en el dolor, no cómo me gustaba pensar antes. Era masoquista. Ahora tengo una revolución de los mil demonios dentro mío. Quisiera decirte que si tuviera un sólo amor, sería el tuyo. Que soy la mitad de mujer de lo que era. Si te enamoraste tarde, te confundiste. Si lo hiciste antes, ya no estoy así. El miedo es un campo minado, y la tarea (es) de estar solo. Ayer a la tarde cuando me acosté a dormir, eras lo que más quería. Todas las tardes eras lo que más quería. Ahora puedo tener diecisiete, y ser libre. Ser culpable. Cuando te sostengo, al menos esas responsabilidades van de a dos. Mirarte de reojo, y al horizonte. Es verde. Así estamos. Te arrepentiste. Yo también, y tanto. Lo hago ahora, que puedo agarrarte la mano y decirte “hagámoslo de nuevo”. Seamos condescendientes. Los dos. Que es peor que atravesar el infierno atragantados. O mejor. Sin poder distinguirlo. Hundirme en el colchón, abrazándote. No sos eso, y yo tampoco. La falta de definición es una foto fuera de foco, mi vista al salir del trabajo. No poder distinguir los colores a lo lejos. Ni los números. Ni las letras, ni las calles. Ni tu sonrisa. Ni que estés parado a dos metros, esperándome. Yo te estoy esperando. O estuve haciéndolo más tiempo del que quisiera contarlo, y sin embargo, es tanto menos. Tanto menos que me asusta. Tanto menos que te amo. La decisión es amarte, con vos o sin.
La suspensión total de las condolencias. La conversión de las caricias en mitades irreconciliables. No estamos. No queremos. El futuro abandona las medias tintas. Seremos blancos o negros.
Las tazas a la mañana. Las plumas en invierno. La fiebre. Las dos vueltas de la llave. Las clases interminables. Las conversaciones vacías. Los amigos de otros. Cortarse el pelo. Escribir cartas. Sacar fotos. Cerrar la ventana. Meterse en la cama. Fingir las despedidas. Hablar con uno mismo. Callar, callar. Extrañarnos en el chocolate, en las buenas noches, en las caricias. En las traiciones. El santuario en el que te congelo. Revolviendo el café a las cinco de la tarde. Sonriendo.
Que ya no vas a estar. Pero no duele tanto como que no hayas estado. Y te corono de espinas. De heridas relamidas. De esa tarde en el río que te condena. Que te recuerda. Extrañando a los aviones. A los viajes. Al frío de saberte al lado. Tan cerca pero tan tarde para volver a casa. Olvidarse de irse. Recordarlo tan tarde. Tantas muertes, tantas. Papeles destrozados, esparcidos sobre una cama en la que finalmente lloro.
forzar el olvido
yo te digo, mi amor, no hay nada
te desdibujás
sobre el agua
tan innecesario y volátil
como polvo
como el viento cuando dije
(porque dije)
que era menos adorable
que tenerte cerca
(a la devoción la hice trizas)
cuando se mueran tus perros
vas a lamerte la herida
y el silencio será peor
que la daga que me clavaste, caníbal.
Tu fantasma se me resfriega por el cuello. Me ultraja la nuca. Es la reconstrucción de tu boca abierta, en una posición casi irreparable. Abierta. Apenas húmeda por la saliva, por el aliento. Que acercás a mí en un gesto de condescendencia. Tu boca siempre una cortina de palabras inconclusas. De muros erguiéndose frente a mis ojos. A mis párpados sobresalientes. Que te perforaron con toda la parsimonia de alguien que espera. De alguien que llueve. Como si un dedo fuera la llave parcial de una puerta que no abre. Querer coger era como un anillo que usaste el tiempo suficiente como para sentir físicamente su ausencia. El deseo de tener tu esperma entre los dedos fue casi igual. Los anhelos funcionan como astas. Y un pecho es un lugar suficientemente grande como para construir en él una casa, o una pared que se levanta sólo para ser destruida. Para depositar en ella toda la ira que esconden tus silencios.
en ex
Hablás dormido, y gemís dormido, y te movés dormido. Despierto sos, lo que dicen, el choque de trenes. Confío más en tu ojo verde. Es el menos convencional. Cuando temblás sos como un infiel reflejo en el río. Y a mí me gusta mirarte indefenso acostado, y volcarte agua encima.
Ser actual es astringente. Es saber que desataste los mil demonios, y pensarlo todo el día. Es volver a casa, sacarse la ropa y meterse en la cama. Coger hasta el hastío corporal, mental, espíritual. Tener cinco minutos de espamos merecidos, para empezar de nuevo.
Hace un par de noches me puse a leerte algo. Te quedaste dormido, pero llegaste a escuchar que lo único que quería chuparle la prostituta al cliente era el corazón. Yo vengo a lamerte todo.
Ser actual es ponerse un poco menos irónico. Es acariciar el tiempo con la yema de los dedos. Creer que no se escurre. Y dibujar detrás de una risa la paradoja de lo que será ser ex sin querer serlo. Abrazando la idea del abandono, pero no la del indecoro.
Tu cuerpo es el templo que habré de llenar de orgasmos de acá hasta el fin de nosotros. Te corono, te espero. Te corono, te bautizo abriendo una botella de agua a las tres de la mañana, bañándote con ella, y lamiéndolo.
(una cosita vieja)
siento haberme teñido el pelo la semana pasada
lamentándolo
pero fue hace más tiempo
tampoco es tanto, el frío
a veces nos olvidamos de lo que prometemos
portarse mal es
tan normal
y el vacío es un espacio común
a las tres de la mañana
pero a las siete
inmaculado
debajo del marco de la puerta
donde tantos erguidos
dejaron caer la taza
y el amor es un desastre de fluidos
no queda mucho más por hacer
excepto el silencio.
31.7
22.10.11
21.10.11
te pregunté, finalmente, si podías dibujar al infierno
y me dijiste que sí
porque puede ser un jardín lleno de flores o una pelota
hace tiempo que no estoy sola en casa y
hace tiempo que estoy tan sola
cómo te explico
estoy prendida a todas las ventanillas que encuentro y lloro
sin saber bien qué me duele
ahora que entiendo, supongo
que solemos brindar por los que no saben
y nosotros
nos revolvemos dentro de mi estómago
ayer está raro
y el gato se te sentó encima
recordó lo que eran tus manos
yo las sentí en los homóplatos
volví a creer en mi casa
una casa que dejo, en breve
a merced de alguien que pueda cuidarla mejor
yo no pude cuidarme mejor,
y si bien te quiero así de sucio y despeinado
no es que el olfato olvide, es que
creemos que podemos olvidarnos
de mi casa, de la brevedad
de aquellos que nos cuidan
de que no sabemos cuidarnos
y de querernos, sucios y despeinados.
17.10.11
15.10.11
no es fácil hacer dormir al matadero
ni perder jugadores (ni que me agrade)
y vos tenés orgullo y podés recuperarte
me clavaste una daga
envenenada
cómo que
no me conocías
¿cambiaba algo?
sí, es cierto
ahora sabemos
y tu quietud nos castiga
me tomé cuatro cuando llegué
vomité
y tomé tres más
cuando yo te dije
que si perdía hoy
quizás perdía para siempre, te estaba diciendo:
no sé si voy a levantarme
a veces hay
colectivos que hay que dejar ir
porque a éstas noches hay que prenderlas fuego
prefiero arrepentirme
después de haber visto la luz.
14.10.11
entre escribirte y leerte
me pregunto
sin atreverme realmente a preguntártelo a vos
dónde estás ahora
que esos ratitos a la madrugada
se ponen eternos
porque es lo único que tengo de vos
hace muchos años y siempre
que atino a decir: se dan sólo cuando querés
porque todavía la querés tanto
y no me duele, te digo
aunque te gusten esas ideas
menos me pesaría
haberte acariciado el pelo
cuando quería
preguntame ahora
con quién me gustaría
no casarme
y te digo
te quiero tanto como antes
te quiero tanto como siempre
inclusive cuando dije que no te quería
te quiero tanto en la distancia
te quiero tanto cuando puedo
porque sabés
los dos nos olvidamos de querernos
cuando queremos a otros.
1.10.11
18.9.11
una serie de
desgracias inconmesurables
de dolores acumulables
soy un sábado a la
noche tarde madrugada
tragándome las lágrimas
buscando
una razón una pija una charla
trazar una diagonal
entre las cosas que existen
una película un cataclismo
un barco a la deriva sin bote salvavidas
un deseo de aprender
las cosas para las que ya estoy grande
y Rodrigo dijo ayer:
no esperes estar distinto
no desesperes estar instinto.
8.9.11
cómo carajo podemos hablar de escaparse de uno, de
salirse
te está encerrando tu cuerpo,
pero lo peor de todo es que está encerrándome a mí
vos llamabas a alguien
suponemos también, mi nombre
el que sé tener
quizás nunca me consideraron de otra manera
o jugué yo
tanto
pero ponele que me llamabas a mí
a mí que soy un cuerpo
dentro de otro
y de otros tantos
que son filtros
estoy cansada de tener miedo,
el miedo es un campo minado
(puede ser que lo sepas, de antes)
pero lo digo, sí
no soy tan cobarde
pude haberlo sido, peor
siempre me mantuve al filo
y ésta situación me preocupa
a quien hipotéticamente querría entregarme tanto
tenía que ser hombre
insistís en que no me gustan las mujeres, y
las respuestas pueden llegar a ser tan dicotómicas
vos qué sabés, diría yo
que tan poco conocés de mí, y de mi cuerpo
pero volvés a llamarme y pedirme
que abandone mis otras mujeres, si se quiere
que no son mi verdadero nombre
o pudieron haberlo sido inútilmente
(y llevo años)
así es cómo elegís
desnudarme toda
aunque quizás no por completo
y chuparme la concha
concha sabia, dijiste
asumís que es una concha que sabe
que primero le gusta/me
gusta arriba y que bajes
aún sin poder
y presumir
acabar, yo dije: hay una diferencia sonora y espasmódica
distancias
todo el tiempo pensamos en distancias
en el momento justo en el que
tu cuerpo y el mío, están
separados por centímetros
hablar
de que yo me alejo
es volver a la situación que me preocupa
al tema de la entrega
la persona que vos ames, decís
la persona que yo ae
y quién es esa persona
cómo se llama, cómo se viste
qué es lo que le gusta
lo que la mueve, la calienta
porque, a ver
todos podemos ser muy fáciles
pero tanto más difícil es admitir
que lo que te excita es tan tuyo
como caber dentro de una cárcel
dentro de una cabeza
y cuando ya no sos nada más
excepto eso que vaga
debajo de la carne
y puja por salir
dame algo que esté adentro tuyo, tan
adentro que pueda perpetuarme
dame, yo estoy evocándote
te llamo por tu nombre
y por lo que oculta
por lo que tenés en la mochila
y en el cuerpo
estar tan harto de hablar del cuerpo
y de la cárcel, y de la carne
y de lo fácil que sos
no entendés lo mucho que me calienta lo fácil que sos
porque me vuelve útil
y me llena
me enloquece
me transpiran las manos
esto es un capo minado
la premisa de transitarlo
matanos
yo te digo, hacelo
me
quemaste la boca
y el mundo es un lugar tan distinto después de,
es un lugar abstinente.
5.9.11
recordado
no sólo los gritos
sino el balbuceo
que entre un gemido y el otro se volvía etéreo
quisiste descubrir a julieta acosta
y me preguntaste tantas veces, tantas
dónde estaba
dónde yacía en algún pequeño rincón
que pude haberla puesto
por mis problemas de delimitación
o de limitación por ahí
me calienta tu dolor
me calienta tu pena
me calienta tu miseria
y julieta, si vos
te levantás de ésta cama
te vestís
y te vas de tu casa
yo te juro que me mato
porque tenés que entender
que ésta noche
cada uno es el otro
y podemos hacerlo todo
somos cuatro piernas
y dos narices
el tiempo que pasé
esperando para besarte
arrepintiéndome siempre
del miedo
de mirarte a lo lejos
de la brazo-cuello dependencia
que otros tenían
porque era tu cumpleaños
y te cogería hasta que me muera
de hecho, podría matarte
nadie sabe quién soy
ni en qué estoy pensando
y hacémelo, por favor
lo que tiene que pasar para que me vaya
es el infinito
y mañana cuando me levante
puta, puta, puta
seremos dos de nuevo.
pero bueno, no va a haber martes, tampoco.
28.8.11
24
con la cabeza rota
negra y sucia
el punto en el que la gravedad vence las olas
que el río en concordia crece y se devora
tu casa, la mía, la de todos
entiendo que la gente se quiere
por las mismas razones que utiliza para dejarse
y que en la guerra vale todo
excepto morirse sin haber peleado
entiendo las cicatrices, todas mías
que me hice peleando conmigo
peleando por vos
y por un nosotros que construí
ajustando cuentas con lo de antes
con el presente, con
el más allá
con el creer que puedo cambiar tanto
como para cambiarte a vos
como para quererte en serio
como para quererme a mí
pero no me pidas más
que entienda esto
ni que te entienda
porque la gente se lastima
todo lo que se quiere
y los dedos se te llenan de espinas
los ojos se te minan de esquirlas
y querés creer que vas a pararte porque
morir tirado
mordiendo el polvo
es una tentación para la carroña
pero sobretodo para el olvido
para lo que más le temo
sobre la vida y sobre la muerte
sobre el bien y el mal que arduamente construimos
es el olvido
es no haber dejado nada
en la cabeza de nadie
e inclusive menos en el pecho
es haber pasado
intrascendentalmente
por el partido sin haber jugado
sin haberse arrancado la camiseta
habiendo permitido
que tumbaran al hombre
y también a la idea.
24.8.11
20
una mano con esto
un último trago de la botella, y
yo te llevo
las personas simétricas mienten menos, es decir: mirarte es ver siempre lo mismo
no quiero esperar
ni eso ni la falta de filtro
o la necesidad de inmiscuirme
en el medio de las personas
porque tengo
el despecho tan grande
como la fuerza de tus manos al traicionarme
como el recorrido de tu nariz
que no me marque
que no me hable
que no me coja.
19
te conté al oído media hora de suplicios
con toda la desesperanza del mundo, con
el resignarse por completo a una vida
de encerrarte con los huesos, de
reventarte y hacerte sangrar con
la más dulce de las caricias
yo no tengo paz
y no tengo nombre
no tengo ganas para absorber tanta sed junta
lo que es verdadero:
tu voz, tus ojos tan lejos, la erosión constante, tus labios, el río, tu queja incesante
y no iba a cambiar lo que no cambiamos nosotros:
fue el deseo irreverente de ser libres al costo de rompernos la cabeza.
23.8.11
18
nada de lo que podía decirte era más que humo
yo no sé si los dedos se traban porque
me congelan
o sos vos
ni por qué
trato de armarte y desarmarte de nuevo
como ese que le gusta a él
mirá, la verdad es que
tiene los dos ojos verdes
fuma marihuana y sabe bailar
te lo digo así, despacito
porque es difícil encontrar a alguien
que tenga uno de cada
y es difícil relamerse en agosto
pero ese día te dije (y ya hacen varios)
que febrero queda lejos
y que cada vez que abren la puerta del ascensor pierdo coronarias.
16.8.11
12
soberanía de mi cuerpo
bésome
vos no lo hacías tan seguido
díjome
qué-te-parece-julieta-si:
(en condicional, para y qué)
dejamos de pelotudear un poco
y yo pensé
que eso es lo que le pasa cuando le das flores a nadie
o a alguien
se le seca la boca
setenta y cinco por ciento de nada
y un veinticinco de gracias
acariciándo-me la cabeza
y reitero
tengo en la lengua
otra lengua
y tengo en el pecho
otros dientes
tengo saliva que sabe
distinta
a la tuya
las uñas clavadas
cortas
tengo pelos y semen
tengo el vidrio empañado
los ojos encandilados
y a un tipo en el asiento de atrás
acariciándo-me los hombros
la cabeza pegada
y me duele adentro
me duele como cuando pasa el tiempo
y uno se desacostumbra
a que entre el agua por el frente
y encandile
tu cuerpo medio día.
14.8.11
10
así como está, entregándose
a lo poco que calienta el sol en invierno
a la amargura de las 6 de la tarde
al hedor de mis huesos
deben ser mis huesos
cansados
de tanto pelear
no hubo momento en el que esto no fuera
una herida de guerra
te dije vencida
en el campo de batalla que es mi cama
en la que ya no duermo
ni dormiré
porque probablemente temía por esto, y esto existe
existe en el buenos días
en el llegar a casa, en el frío
en la carta en la que puse todas mis fuerzas para decirte
que ya nada puede cambiarme tanto
como lo que deja de existir
y es lo que hay
porque no vas a estar en ella
ni en la de al lado
ni en los cadáveres del piso
que me decían, con el correr de la semana
que yaciste
gemiste
acabaste
transpiraste
gritaste y lloraste
arriba mío.
9.8.11
5
y probablemente ya no siga
resistiendo el peso de mi cabeza
sobre las rodillas
intentando buscar la forma
de meterla en algún lado
similar a un agujero
en el que no cabe
para usar la famosa frase
porque es verdad
no sé dónde meterme
pero no me voy a ir
jamás me voy a ir
sin antes decirte
que lo intenté
lo intenté con todas mis fuerzas
inclusive en el silencio, lo intenté
y lo intento ahora
que no te digo esto, sino más bien lo escribo
lo intenté porque uno elige
casi todo
y yo elegí sostenerte la mano
decidí quedarme dormida
pero todo en lo que creí
y sentí cuando lo hice
creeme que me estaba eligiendo a mí.
8.8.11
4
que en cada rincón al que me encimé
(estabas vos atrás mío)
como la última noche
(estabas vos atrás mío)
yo me excedo, campeón:
por algo no te prometí
- que cada vez que mirás por la ventanilla es Lanús
- que depende del lado en el que te acuestes (te duele menos, y estás verde)
- nunca te cortás las uñas
y que me quemás
en el estómago
en los labios
y en los dedos
31.7.11
-5
no pude encontrar nada mejor que decir
que esta ciudad (se desdibuja)
imberbe
como a esa mujer a la que no quiero
algún día va a dejar caer la careta
pero tendré que barrer los pedazos
justo antes (de)
antes de reírme
tan injusto ibas a ser
y que se queja
alguien que te dejó
parado en el medio de la calle
porque dije no sé cuántas mentiras esa noche
y no tenía ganas de enfrentarme a ninguna
ni de dormir con alguien que no fuera
ese que se queda despierto
pero parece que lo hay que hacer
después de la película
la charla, la cena
y como 20 cigarrillos
vos sabés lo que es, igual
el perdón
pintarse para la guerra
yo te dije
que mi amor es un engaño
que me gustan las mujeres
y las papas fritas;
porque me gustan las mujeres y las papas fritas.
24.7.11
la estirpe
que sequen tus llagas
hechas de sal
y cemento
que te cuiden del mal
de ser un extraño
de ser un tirano
del catalejo
un ejército de sirvientes
hechos a la medida
de las armas precoces
que construiste
escapándote de todo
y parándote así
sobre tus dos piernas
a librar batalla
contra un mundo que no te sirve
solo.
13.7.11
cause im evil
pero poco tampoco quiere decir nada
y él ya lo hizo unas cuantas veces
vos te das cuenta de que
esto se trata de mesura
pero yo todavía no aprendí a controlar
absolutamente nada
mientras juego a reprimir todo
sabemos que me sale, digo
todo me resulta tan putamente mal, que lo hago increíblemente bien
y los tres sabemos que me lo cogía muy bien.
5.5.11
trágico
tengo la espalda como una soga de nudos consecutivos
y consecuentes
estabas lejos
pero todavía puedo erguirme
y caminar cinco pasos
como esos a los que les estalla el corazón
para que los ojos marrones sean tres
y uno azul
estabas lejos
hasta que te tuve
cómo explicar que lo único que necesito que no hagas
es lo que más me gusta.
14.3.11
me bajé del taxi corriendo
me quedé relamiendo ese sabor
mientras me resistía a la rutina que nos condena
(a los dos, eso está claro)
con un beso tuyo
o dos
o el millón que nos dimos hoy porque parece que estábamos de arte
sin dormir
con miedo
y con un dolor que no termino de comprender pero que tampoco tengo ganas de que exista
sabés
la intemperie es un lugar
que atravieso mejor
sola
los campos minados también
eso es un regalo
y mi casa en realidad es
una casa más chiquita, con las ventanas tapiadas
y una puerta diminuta
por la que te dejo pasar
primero con un ojo
y después con el otro.
19.2.11
11.2.11
9.2.11
adentro
e n a v i ó n
(y a unos cuantos)
inventaste todo lo que te hace bien
abrí la caja
y te saqué todo
estás verde
pero no vengo a envidiar el pasado
sólo quiero arrancarte la yugular
quería que me sacaras de casa
de mi descuartización
cómo compaginás estar herido
despertarme con fiebre y lastimarme
no va a ser lo mismo
masturbarme
adentro
me arde (un poco)
en avión
(y a unos cuantos)
incandesente
como cuando te morís sin estar seguro
inventaste todo lo que te hace bien
lo que te hace mal
pero el viernes te consagraste
inmóvil
(es que hay gente)
un día te tiré arriba de la cama
abri la caja
y te arranqué todo
te hice llorar
estás verde
pero no vengo a envidiar el pasado
sólo quiero arrancarte la yugular
quería que me sacaras de casa
pero me metiste más
agujereando cada puto mueble
(giraste)
metiendo cada parte
de mi descuartización
adentro de cada uno
cómo compaginás estar herido
(y estar mojado)
masoquismo: nunca estuve tan caliente como cuando me hiciste sangrar
reproducirlo hasta el hartazgo
no va a ser lo mismo
despertarme con fiebre y lastimarme
no va a ser lo mismo
masturbarme
pero me estoy divirtiendo tanto.
28.1.11
no-quiero-ver-a-nadie
Me miró a la cara y me dijo “ésta es la promesa de algo mejor”. Ahí, desde abajo, desde los diez centímetros menos que yo de altura que tiene. Hizo ese gesto con la mano, con el que generalmente sostiene la mayoría de los objetos que sus huesudos dedos de uñas cortas tocan. Y pintadas. Y mal pintadas, horriblemente pintadas, con algún color extravagante. Yo nuncá llegué ahí y sin embargo estoy acá. Como si fuera un honor.
Entonces lo que tengo que entender por el regalo aquel es que siempre que alguien traiga entre sus manos algo que menosprecia, porque promete la venida de otro mejor, quita el valor que podría haber tenido subjetiva y objetivamente en cualquier circunstancia el objeto en cuestión.
Entonces veo que la promesa, el juramento, es la latencia de que en otro contexto, lo venidero será más ameno que lo actual. Ante los ojos del condicionante, claro está. Porque el libro no era malo, y yo a ella la quería. Y todavía la quiero, pero nunca me regaló otra cosa.
Ahora, el día que me dijiste “vos sos lo más lindo que tengo”, que en realidad no sé si era la conjunción de mi llanto ridículo con un “yo también”, y hacías ese gesto con el brazo, ¿me estabas prometiendo que después venía algo más ameno?, que lo hacías por la pura e innecesaria colisión de ambos en un punto intermedio glorioso que extraño la mayor parte del tiempo. Sobretodo la decisión de reventarme constantemente y resfregarme sobre vos para poder extraer cualquier tipo de fluido que te pudiera hacer sentir caliente. Estoy transfiriendo, ya sé. Pero más que caliente, importante. Insensato, necesario, suficiente. Caliente. Atroz.
7.1.11
and how
la tempestad
el ser impaciente
yo no estoy jugando a esto, digo
le estoy poniendo hasta lo último
como si lo último la última vez no hubiera sido suficiente
pero no interesa
porque lo hago con los ojos cerrados
casi una invitación a que me den por la espalda
(entonces no los abriré a tiempo, no)
esto es un forcejeo de poderes que no termino de entender
(llevamos tiempo)
al menos me calentaría
sentirme un poco más hostigada
como si no fuera a hacerme llorar
que me trates un poco mejor.
5.1.11
dormir
casi como si te tuviera al lado
se me hunden las piedras entre las costillas
anoche sentí algo que hace mucho no
conciliar sería inhumano
estoy mojada
pero nunca dejaré de ser frígida
cuando te sostengo la mano
pienso que el mundo está hecho para nosotros dos
pero es tu mundo
con todos sus mores y benevolencias
y la cosa es estar en él
en el asiento de suplentes de los visitantes
o patear todo, de local y delantera.
2.1.11
25.12.10
aunque me haya vuelto el sueño
no entendí
y probablemente éste no sea el momento para hacerlo
cuando juro que las cosas son así
porque sí
la verdad es que te extraño
como pocas veces
como todas
la calma es hasta efímera
pero hace tiempo entramos en turbulencia
no es que alguna vez nos hayamos ido
pero voy a tener que dejar el palabrerío inútil
a veces tanto
a veces
los muebles no me hablan
de que ésta es mi casa
de que estás vos en ella
pero hay días en los que sí.
23.12.10
22.12.10
14.12.10
300
tírese de rodillas y nade,
a veces una hora es demasiado tiempo
pero mi cuerpo está para esto:
ser el envase contenedor de lágrimas
la tolerancia, la energía.
a contraluz todos los principios se desvancen
y nos quedan nada más que los fines y las culpas,
lo inevitable.
esa maldita renuncia constante.
devoción: que de repente la distancia entre la cama y la puerta sea eterna.
6.12.10
5.12.10
Cerrás la puerta con doble llave a las tres de la mañana. Te olvidás de todo. Sabés que nadie va a intentar abrirla, al menos en unas doce horas. Contaste todas las colillas de cigarrillos que quedaron en el cenicero. Sabés que eran todas tuyas, pero a las del otro no podés distinguirlas. Pensás en Ned Flanders bailando hasta que se le caiga la ropa. Te preguntás si a vos podría pasarte lo mismo. Estás escuchando el mismo disco que escuchaste toda la semana, y sino, lo tuviste en la cabeza. Respirás la soledad de la casa, que es esa roca cayendo lentamente, que es Sebastián y todos los amantes que tuviste, o los que quisiste tener. Anoche le dijiste al pendejo que el amor era estar solo, y querer estarlo. Mentira, o casi. Te gusta mentir, pero no te gusta mentir. Te hace sentir vivo. Es un ensayo para la memoria. De treinta y cuatro pasos con cosas en las manos, entre ordenando y limpiando, su recuerdo te invadió veintinueve veces. En algunos te coge, en otros te abraza, en otros nada más te dice las cosas que quisiste escuchar siempre. De vez en cuando te acordaste de los videos en Internet sobre el consumo del cigarrillo, y de cómo vas a quedar si seguís. Pero creés, y te gusta creer, que uno más no hará la cosa. Porque ya vamos como ciento cincuenta en lo que va del mes, pero con él sólo te fumaste cuatro. Porque cuando está, tampoco es tan necesario, pero no hay nada en el mundo que te ponga más ansiosa, y es la falta. Preparaste todo para tirarte en la cama, para escribir esto, y ni siquiera lo sabías. Pusiste el tracklist nefasto que preparaste, diciendo que para morirte. Todas las canciones que en la vida estaban para que alguien necesitara amor. Le dijiste a Gustavo que ya nadie arruina las canciones, pero admitiste que ese disco que escuchabas para ir a Ramos Mejía en el 166, que llegaba a su fin con un abrazo, te sigue haciendo acordar al viaje. Te hace acordar al viaje para no acordarte de otras cosas. Es que a veces uno comete esos baches, y se olvida. Deja de hablar de unos para hablar de otros. Los entierra, como Ana. Pero no va al caso. Al caso iba que yo estaba con problemas para escribir, que es como tener problemas para exhalar. El mundo está desconfigurándose, descontracturándose como Harry, desarmándose en millones de pedazos sólo para que te los tragues y nunca los puedas expulsar. Porque no hubo palabras ésta semana para describir lo que es sostenerle la mano fuerte y querer morirse. Porque estás harta de hablar de morirse, y harta de escribirlo. Y de la sangre, y del espasmo, y del orgasmo que no llega. Porque ésta semana él dejó a la novia, o ella lo dejó a él, y vos quisiste acercarte. Necesitaste que te pegue un palazo en la cabeza, como tantas otras veces, sólo para estar vivo. Cuando te cansaste de preguntarte cómo era estar vivo, cuál era la diferencia con estar muerto, el problema con las tazas y con todo lo que vas a consumir en todo éste tiempo. Porque el tiempo, y el miedo que es un campo minado. Yo nunca estuve en un campo minado, y aún así, reventé tantas veces. Uno vuelve al negro, indefectiblemente. Es el único color que no vamos a ver como a los otros colores. Una vida puede estar falta de rojo, hasta de verde. Pero negro habrá siempre, como palabras decorando el abismo. Lo que te haga feliz es lo que voy a elegir, siempre. Pero no puedo estar ahí, a eso ya lo sabemos. Tipo tres de la mañana, siete minutos, empiezan a conectarse los amantes que terminaron de coger. En ésta parte sabés que lo que sea que pase con éste texto será nefasto, que vas a arruinarlo, destruirlo, deshilacharlo. Sinceramente hoy, esos que cogen pueden morirse. Esos que se sienten bien, esos que pueden abrazar a otro. Esos, de los cuales a muchos quiero y en los que siempre estoy pensando. Porque la vida que tienen es la que no puedo tener, y lo elijo. La mayor parte del tiempo, el posludio de la una de la mañana me configura a mí escribiendo pelotudeces y a él dando vueltas en la cama. Porque se pudo pajear, y se pudo dormir. Se pudo acostar, pudo llorar. Yo tengo una falta de masturbación ridícula. Nirvana suena como si ya no fuera a pasar nada, y aún así. Soy la persona con más miedos del mundo. Todo se puede romper. Mis pesadillas me lo dicen. Todo el tiempo pueden pegarme en la cabeza y hacerme morir. Qué mejor que morir en manos de la decisión de otro, si yo siempre me puedo morir cuando quiero. Porque ésta semana, también, nunca pensé tanto en matarme como otras, como en el tiempo. Envejecí, y quizás todo llegó hasta ahí. Hasta el deseo de seguir intentando, que se apaga. Cualquier proyecto de los últimos meses me alejó de aquello, y por qué. No sé. Es como un amante inservible. Yo no puedo hacerle el amor a mi cuerpo, ni respetarlo ni quererlo. Necesito depositar lo que no es manipulable. Todo lo demás es cuestión de cómo voy manoseándolo con los dedos. El sueño, el tiempo, el viaje, las monedas, las horas con y sin. Todo es un sin últimamente. Volver a casa sin, elegirlo. Elegir, para siempre hasta que dure el siempre y todo vuelva a ser la misma mierda de antes. Llamar a algún hijo de puta que me coja bien sólo para pedirle que se vaya cuando se haga tarde, y ya no tenga ganas de que me mire nadie, ni ganas del espejo, ni ganas de más nada excepto el llanto y el cigarrillo de haberme obligado a satisfacer a alguien que no se lo merecía. Porque generalmente no se lo merecen. La eternidad está escrita como aquello que te hace feliz. Y hoy quiero eso más que nada menos vos. Todo, constantemente, se transforma en una ecuación de sumas y restas interminables que calculo precozmente en el camino de vuelta a casa. Generalmente llorando, con un pucho en la boca, otro más que no va a hacer al asunto, pero si realmente fuera a vivir un día menos por eso y ese día podía estar con vos, no nos puedo hacer esto, pero en realidad no puedo hacernos nada. Puedo hacerlo todo, sí, porque causalmente me olvido de que el control es algo que tengo yo. El tracklist para morirse, Portishead. A eso lo escuchábamos cuando Teko venía, sólo para coger. Quizás para tomar cerveza, pero para coger. Era más fácil que tenerte a vos ahí, a vos a mí, haciendo cualquier otra cosa excepto acercándote. Reitero, de cualquier manera, ya nada puede ser mejor que me agarres del brazo con violencia sólo para que me abraces. Para que me lo pidas. Cómo te explico ahora todas éstas cosas que se decantan. Sería más fácil escribirte, pero en realidad nunca puedo hacerlo. No se me cae una puta idea, no puedo con eso. Lo único que quería hacer, antes, era ser mujer. Nada mucho más superficial que eso. Ahora quiero llegar a casa y poder dormir. Pero no, no puedo hacerlo, ni voy a. Nunca vamos a dormir juntos, imaginate. El día que podamos, voy a estar ahí como una idiota, mirándote. Extrañándote, cayendo en lo absurdo de saber que a pesar de todo te tengo al lado, que no te vas, pero que nunca estuviste. Yo sé quién fuiste antes, pero no podemos discutirlo. Sin embargo vos, de mí no sabés nada. No entendés las cicatrices literales que tengo por el cuerpo. No sabés lo que es estar solo, y aún así, vas dejando solos a todos. No sabés lo que es tener que completar la tarea, tener que salir al campo de batalla destrozado y solo, a pelear por algo que no conocés. Pero peleás igual, y con los años te hacés pedazos, le regalás una parte a cada persona que te resulta significativa, pero que con el tiempo probablemente se desvanezca. Vos te escondés detrás del hierro, cual buen hijo de puta que sos. Yo no tengo más que la transparencia, y aún así no dejo de ser condenadamente turbia, minada de secretos, de secretos y de miedo. Será que llorar juntos tiene eso, ese no sé qué de ser de las pocas cosas que hacemos juntos. La soledad, las rocas cayendo lentamente, y siempre me hacen pensar en un río eterno sin lecho, cual fondo de nuestras lágrimas, cual retina, nunca termina de caer, y es esa desesperación, la de no tocar fondo, la de no pisar firme, la de nunca saber dónde carajo vamos a terminar ni cómo. Pero me quedo así, me quedo peor, temblando cada vez que me mirás con esos ojos enormes así y creo que voy a reventar. Porque siempre estoy a punto de reventar, y no te das cuenta. Por suerte no te das cuenta, podemos morirnos en el intento. Así vas a llorar cuando yo no esté. Y por momentos, fijate, que no estoy más. Que me asesinás cuando me respirás tan cerca, y yo tiendo a la creencia de que ya no me queda nada excepto la asfixia que tanto habrán manipulado leyendo el capítulo siete. Porque yo sí lo entendí, estaban hablando de algo que, lamentablemente no puedo relacionar a tenerte cerca. Pero besarte es eso, tocarte, violarte hasta el fondo, hacerte las cosas que pienso veinte siete veces mientras voy de la puerta de entrada a la cocina, al baño y al comedor, para preparar todo para escribir esto, esto que no vas a leer.
30.11.10
a
todo me duele,
pero hoy no me importa,
no me importa en lo que quema, ni en el silencio, porque hoy dije
las palabras cual plaquetas que intentaban cicatrizar la herida de las sombras
eso que yo creí ya haber dicho
que no fue más que el recuerdo de lo no correspondido
papá, estás condenado
a pisotear los cimientos de la casa por siempre
a decir yo no amo
y entonces cada puerta suya
transformada en mía,
en la forma que tengo de hacer las cosas
será la que sea, será
el hundimiento del puñal
del desengaño
la llama
de los amantes libres
que no son yo
¿y no era yo, acaso,
acariciándote el pelo,
relamiendo tus miserias,
provocándote espasmos,
abrigándote de la lluvia?
que no fui yo,
sino fui quien querías que sea,
alguien que te anestesie
(pero esto es local)
yo no penetré tus huesos
apenas si te los miré de cerca
y es la piel, que siempre será almizcle
irrisoria
carroñera
julieta
que lo siento más que al viento
que el oficio de irse
que te ama con los huesos
que no es tu culpa
(pero yo no hice nada para que otros te lastimen ni planté el miedo)
el miedo es un campo minado.
el campo de la aurora, el frío.
parirás con dolor y de tu cuerpo engendrarás hombres que vendrán a completar la tarea de estar solo.
la premisa de la adolescencia,
la puerta que se cierra y arde.
el dolor de tu madre
la traición, el atrincheramiento
parirás con dolor
y tus hijos llevarán el nombre de alguien a quien no amaste
y ese será el reproche eterno
la moraleja del ahogado
dirán que siempre elegiste el sufrimiento
y no habrá sombreros para nadie
pero el amor será negado
y eso
eso es postergarse
(al punto de creer en lo que ya no llega)
para mí se fue
arruiné todo
entonces los días se marcan de despedidas
y las venas comienzan a rozarse con la piel
a emerger
a recordarte que te gusta ser lastimada
que al arpón te lo regaló mamá,
que querés que te lo claven hasta el fondo y sangrar,
sangrar como siempre
(éste dolor es sólo mio)
sangrar por todo lo que no te pertenece.
28.11.10
25.11.10
18.11.10
15.11.10
pájaros negros
Debe ser que el tiempo es ajeno a la misericordia. Que los brindis son hipócritas, que nunca los propongo yo. Nos equivocamos de a dos o tres noches, nos alejamos del consentimiento. A veces cada uno es cada uno y juntos no hacemos ni medio. Pero de vez en cuando el mundo es un lugar perfecto, mirarse los dedos y sentir que no están manchados. Y a pesar de la perfección, y del miedo, también hay días en los que creo que estamos tan sucios que ya nada podrá lavarnos, o volvernos más puros. La dislocación del llanto. El silencio del alba, de unas cuantas despedidas. Es el silencio. Esa es la daga que me envenena.
(pero el mundo es un lugar perfecto, está hecho para nosotros)
10.11.10
exilio

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.
¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?
Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.
AP
8.11.10
sos vos.
el camino hasta esa esquina siempre está plagado de silencio
de brazos que cuelgan casi que pegados
esperando que alguno de los dos le sostenga la mano al otro
pero es el silencio
y es que
qué más queda por decir después de un desastre
después de entender que la vida siempre será esto
el estanque donde meto la mano sin mirar
un abrazo antes de abrir la puerta
un suspiro, cada uno, de dolor
(y lo peor es que yo también)
caminar lento, sin que nadie se de cuenta
para mirar el horizonte y rogar que no venga
lo que son tus labios
(ya nada podrá hacerme sentir más)
que el camino a casa siempre será el llanto
de volver sin
de volver sin.
7.11.10
fucking cocaine (you'll never take me)
jugar a desmenuzar
la interminable canalización
de los deseos y los deseos de nuestros dedos
(tan diferentes)
una canción hasta el fondo
que no nos puede decir qué hacer
sino cómo
sino un beso, y la forma
de acabar por completo
con la agonía de ser un muerto vivo.
4.11.10
jueves
hablame-de-algo-que-no-cambie
HABLAME, CARAJO
todo, todo cambió
no sé a quién estamos tomándole el pelo ahora
vos no sabés, porque vos no sabés
lo que es
haberse inyectado con esto
cómo te arranco ahora
cómo-te-arranco-ahora
HABLAME, CARAJO
hablame de algo que no cambie.
2.11.10
radioactivity
1,5 kilogram of plutonium make the nuclear bomb
Sellafield 2 will release the same amount of radioactivity
Into the environment as the Tschernobyl every 4,5 years
One of these radioactive substances
Krypton 85, will cause death and skin cancer
y vos llegás tan verde
30.10.10
golden slumbers fill your eyes
quisiera que me salga de la boca algo mejor
que la lengua
sobretodo a los dedos y al pecho
la transpiración
para venir a decirte
que después de tanto tiempo
la cocina
A mamá se le dio, una que otra vez, por cocinar hasta el hartazgo. La casa era lo suficientemente grande como para que eso pasara, y el hecho implacable de que en aquel entonces, no me acuerdo cómo, pero teníamos una mujer que limpiaba y se acomodaba a sus deseos, que le permitía, en algún punto, cocinar hasta el hartazgo. A mí me tenía sin cuidado, uno se acostumbra a la vida que llevan los de su alrededor. Entonces entre jugar con las distintas esencias o las frutas secas que iba a meter en la masa, sabía yo que todo podía devenir entre un enorme reto o el esperar, pausadamente, que en una de esas me pidiera que la ayude.
La ventana de la cocina estaba abierta siempre, a pesar de las moscas y las babosas. No es que entraran reptando, al menos los bichos desagradables, pero si se me ocurría avisar ya nadie dudaría que lo mejor que quedaba por hacer era tirarles sal. En aquel momento yo tampoco me preguntaba por qué se achicharraban y todo sencillamente se cubría de baba. Unos diez años después puedo comprender que el cuerpo de la babosa alberga mucha más agua que el del ser humano, y que el sodio las deshidrata. Claramente, a nosotros no podían ni debían tirarnos sal, porque lo máximo en lo que devendría sería un baño de agua caliente, mientras que esos animales, simplemente, morían. Digo yo que se morían, y ahora comprobé que se mueren, y en un patio y una casa tan grande, una casa en la que se cocina, no sé si por el amor a los antepasados, por el aburrimiento o el hambre, nosotros no nos podíamos morir.
Supe, de improviso, que aquello que le daba el sabor a no sé qué al pan dulce era el agua de azahar, que hoy, a mi criterio, considero que nunca es suficiente. Pero todo lo que se preparaba era casi a granel, como si en vez de cinco o seis fuéramos veinte. Con el correr de la semana terminábamos siéndolo, y es que a mí me gustaba mirarle las manos, con sus numerosas alergias, amasando sobre la mesa de mármol. Tenía un par de anillos que ya no usa, los habrá perdido, pero sinceramente, a la alianza no se la ví nunca, y a papá tampoco.
Cocinar también requería llamar a los muertos, a los que claramente, en ese momento, ni muertos estaban ni sal encima tenían. El verano era cocinar, a pesar de ese aire húmedo y espeso, tan concordiense, que hoy niego. Porque en Concordia no hace calor, digo, en Concordia siempre hay viento y el sol te quema las pestañas, y para las tres de la tarde uno tiene que elegir entre jugar en el fondo con las babosas o ver a mamá cocinar, si es que no estaba tirada boca arriba en el pasto, quemándose las pestañas.
Porque la casa estaba llena de babosas, y en seis años yo me crucé íntimamente con tres. De eso me voy a acordar toda la vida, de haberlas aplastado sin querer con cualquiera de mis extremidades, para sentir un completo asco y anhelar que continuaran vivas y que nadie pudiera venir a tirarles sal.
Las persianas de madera, también, prolijamente barnizadas en verano, estaban completamente escritas con el rastro plateado de esos moluscos, pero claro, se podía apreciar mejor de noche, con esa mezcla a repelente, espirales, insecticidas, el pasto recién regado, y me atrevo a decir que la ventana del cuarto de mi hermano nunca se vió afectada por el rastro de las babosas. Eso es porque sal había siempre, y de no ser sal, habremos tenido alguna clase de veneno que las mantuviera alejadas, primero del moisés, y después de la cuna.
El asunto del pan dulce nada tiene que ver con el de los huevos de pascua, y yo no me atrevo a encontrarle una cronología decente. Tampoco recuerdo bien el haber intentado meterme, pero que lo quise seguro.
Ver a mamá era, en definitiva, mucho más divertido que jugar con las muñecas en el pasto. Porque sobretodo, era una casa llena de hormigas, y algunas eran bastante malas.
Quizás los dos se sacaron los anillos para cocinar, pero a eso ahora me cuesta creerlo, porque también habré querido meter la mano adentro de la lata de barniz, o de látex sintético para exteriores, cuando mamá era bastante más alta que yo.
En Concordia no hace calor, ni siquiera cuando tenemos que prender el aire acondicionado. A mí me gustaba pensar que el aire acondicionado acababa con la gravedad, y la habitación de mamá era como estar en una nave espacial.
De poder llamar a los muertos, yo creo que no lo haría. Demasiado ya tengo con los vivos, y con los que no sé dónde están, y con los que le tiraban sal a las babosas o cortaban el pasto.
Para Leandro, recorrer el patio hasta el fondo deben de haber sido kilómetros. Para Victoria no tanto, y en verano soy la única que lee, que lee e intenta entrometerse en la cocina mientras todos duermen la siesta, para abrir el frasco de galletitas y comerme las más ricas, y que me reten, seguramente.
En Concordia no hace calor, ni siquiera cuando la casa está llena de gente, y todos les temen a las babosas y las hormigas. Prefiero, todavía, hundirme en una taza de chocolatada preparada por alguien más alto que yo, cuando ya no quedan galletitas de las más ricas, o manotearle un pincel a mamá, sólo para poder contar, diez años después, que a esa casa también la hice yo, a pesar de que nadie tenga los anillos puestos.
28.10.10
y yo ya había hablado acerca de no bajarme
lo que elijo es exquisitamente mortuorio
pero es esa muerte la que nos trae a la vida y nos invade
cuando ya todos escribieron acerca de la sangre
el ritual más bien surge y consiste
y persiste
en volcarnos toda la sal de la casa en el pecho
para eyacular.
y negarlo nos hace extraños
(cuando se trata de la sal)
y sé que todo esto es narcicista
es levantarme de la cama sólo para decirte
que no me importa en qué creas ahora
ni en lo que dejes de sentir
sabiendo que nada vas a abandonar
que alguna vez no hayas tenido
que-no-me-importa-en-qué-creas-ahora.
25.10.10
19.10.10
18.10.10
fue demasiado lejos en la soledad
y supo -tuvo que saber-
que de allí no se vuelve
se alejo -me alejé-
no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)
sino porque una es extranjera
una es de otra parte,
ellos se casan,
procrean,
veranean,
tienen horarios,
no se asustan por la tenebrosa
ambigüedad del lenguaje
(no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)
El lenguaje
-yo no puedo más,
alma mía, pequeña inexistente,
decidíte;
te la picás o te quedás,
pero no me toques así,
con pavura, con confusión,
o te vas o te la picás,
yo, por mi parte, no puedo más.
AP
6.10.10
4.10.10
ósmosis
En un mundo diferente, no me importaría. Las cosas que se le parecen al amor lo hubieran sido. Alguien habrá tirado un hijo por la ventana. Un hijo ajeno. Habrán tenido que conformarse todos con las similitudes. Todo tiene el sabor de la resignación últimamente. Como si meter la mano en una pecera fuera insuficiente. O peor, en algún agujero con temor pero rapidez, sin saber lo que se viene. Sin saber si vamos a poder sacar la mano tarde o temprano. He levantado una muralla. No es nuevo, significo polvo como tantos otros que hicieron de sus piernas un castillo impenetrable. Hacer creer que el sexo es tanto más fácil, sólo deviene en simular. Entonces no sé si simulé esas sonrisas. O en qué estaba pensando cuando la gradiente de concentración del amor era igual para los dos del lado de adentro. Porque el cuerpo, los cuerpos y los pechos han sido una membrana. Sobre la piel se ha vertido la sal, la sal que uno espera provoque la eyaculación total de algún sentimiento. Pero ese sentimiento es lo que se le parece, lo que es similar al amor en todas sus formas y estructuras, construidas con delicadeza y parcimonia, condescendientes en aspecto y en dolor, en aroma, en temperatura. Cuando viene aquello y quiero dar, porque admito que deseo entregar buscando una aguja en un pajar, nada más segrego lágrimas. El llanto de saber que esto siempre va a parecerse al amor, siempre va a simular temor y los demás sonreirán, casi cómo sonríe uno, y todos, todos van a creer en el amor. Mentiría si digo que no creo. Lo ví. Se esfumó.
25.9.10
piedra libre (para mí)
no olvido que ésta semana
habré dormido
lo que dormía en una noche cualquiera
que ahora fracciono
es que esto debe ser volver a lo de antes
pero sin los barbitúricos
sin alguien que te tape de noche
que te caliente la almohada
sin todo lo que sería bueno hacer
de poder hacerlo
de querer, y con quién
y ahora hay que mirar de nuevo
hay que caminar de nuevo
las calles, los edificios,
las anécdotas,
los cigarrillos,
la soledad es reinventar el mundo
crearlo a la medida de uno mismo.

