21.2.12

no te preocupes: nunca van a estrenarnos.

20.2.12

i was young,
i was so young it hurt like a knife inside
because there was no alternative except to hide as long as possible
not in self pity but with dismay at my limited chance:
cómo el viento voy a ver

18.2.12



a esto mismo le temía
a la seguridad que genera la irrealidad del paralelismo
de construir una vida lejos de casa
ampliamente más sana y segura
alejada de fantasmas, de crueldades
completamente vacía de banalidades, simplemente
construir una vida lejos de casa
sin gatos, sin amantes, sin vicios, sin juguetes, sin adrenalina.

16.2.12

Dado el estado de gravedad de las cosas, dudo que duerma. A las tres de la mañana, eso no es poco. Anoche, depositada sobre la tierra, sobre las hormigas, nada podía estar mejor. Mi pecho es una jauría de bestias, generalmente encadenadas. Esta noche, y ante la falta de compañía, simplemente soy una montaña rusa, a las que me encantaría poder volver a subir. Buenos Aires ayer no podía tocarme, porque era indestructible. Cuando en el fondo, y a las bestias, podés tener amor, casi que te lo olvidas. Desearías dejarlo tirado como a las colillas, o los cientos de atados de cigarrillos, pero no podés olvidar lo que te arrastra al insomnio, que supo ocultarse muy bien detrás de películas, y charlas, y deseos de polvos que probablemente no se concreten. Estar jodido es eso. Es un vaivén de situaciones, de viajes, de valijas, de fotos analógicas, de rollos, de revelados, de todas las personas a las que cruelmente les arranco un pedazo para construir eso que estaba en mi pared, eso que era el recuerdo de la pérdida de tu piel, eso que la memoria táctil y visual supo traer a la vida tan bien, en trozos de papeles de colores, que rememoraban mis sábanas y mi cama, una cama que pronto usaré de sillón, una cama en la que se han revolcado mis amigos con las personas que aman. Una cama que es un matadero, porque bien sé, me he revolcado yo, y sin amar. Esta noche es la montaña rusa a la que no puedo subirme, es pi en el reloj, es jueves. Este fin de semana, probablemente a escondidas llore lo que no he llorado en mucho tiempo porque oculté un sentimiento. Porque pensé en Uruguay que todo era tan simple como escribir una inicial que compartimos en la arena, y dejarla irse con el oleaje. Esa tarde pensé que te había enterrado en un lugar al que cuando vuelva será completamente distinto, y queda tan lejos que casi no existe. Pero está, y en definitiva, no puedo buscarte. Hay trazos de arena en mi mochila, todavía, en algunas cosas que no limpié bien, y fue adrede. Si enterrarte estuvo ahí, quise llevarme un pedazo del entierro, quise que todo me recuerde al hecho de haber dejado ir algo que no me interesa soltar. Ahora, inclusive en el repugnante adulterio al que suelo someterme, hay trozos de aquello que pasó, a lo que no puedo simplemente darle la espalda, como tantas veces te la habré dado los días en que dormíamos juntos. Pocos, sí, pero en diciembre, todo en mi cabeza y en las bestias, era el terror por el paso del tiempo, y el tiempo ha pasado, y en una máscara ridícula de una mujer que prácticamente no llora, ante el descalabro del insomnio sé, volví a dibujarte con los dedos a mi lado, en otra cama, en otras camas, quizás, en otras espaldas, quizás en pechos que deseaban arduamente contenerme, llevarme a entender que todo pasa, como ya ha pasado antes. Pero hay una cosa, si la memoria sirve, si los recuerdos sirven, entonces habré de citar a dos personas, y quizás más, que lo único que tuvieron para decir es que aquello que amás no se borra. Sin importar la forma que tome, no se te borra. Entonces, sin tatuajes en mis brazos, cada vez que oscurece, puedo ver aquello de lo que me oculto. Mi cuerpo bien puede ser una herida de guerra, una cicatriz de quirófano, un deseo incontenible de abandonar en la rehabilitación todo aquello que me aqueja. Pero cuando la hora pasa, y creeme, puedo verla cayéndose, escurriéndose en las agujas del reloj, lo único que no pude parar de hacer todo este tiempo, desde que puedo, es caminar. Como si al final de la calle, de una ciudad en la que viví tantos años y prácticamente no conozco, estuviese escrito el destino, o más bien, lo que sí está tatuado en mis retinas, y todas las demás personas celan, que aún observando el horizonte sin tenerte al lado mío, salir corriendo del escuadrón cuarenta y ocho porque estaba prohibido fotografiarlo, la plaza en la que jugué cuando era chica, hoy tan diferente, una plaza en la que nunca pensé volvería a estar, deseo arduamente observar al sur, como sé, en días, observaré hacia la derecha, sabré que ahí está tu casa, una casa que probablemente ya no pise. El final del camino eramos nosotros, y atravesé todo esto, simplemente para no encontrarte, para odiarte y perdonarte el hecho de poder cambiar tan rápido de parecer, de sentimientos, de palabras. Las palabras te quedan tan hermosas que en meses querría colocarlas en un guión para hacer el ridículo delante de los que nos conocen. Pero en cada pucho que estoy a punto de terminarme, pensando en lo mal que me hace, lo mal que me hace todo, recuerdo tu mano, maldita y bendita, reventándose en el insomnio, volviendo a inmiscuirse en mi atado nuevo, para sacar otro y encenderlo, darle fuego y aspirar a aquello que eventualmente, y en súplica, acabaría pronto en mi boca. Si el tiempo se mide en discos, si la vida, y la caminata tienen una banda sonora, yo también en Uruguay pretendí enterrar aquellos que amábamos. Pero ahora sé, y eso es algo que sabré siempre: Buenos Aires queda a días, quizás quede a horas si lo decido pronto, mi valija está cerrada pero puede abrirse a todo lo que ansío colocar en ella, y mi valija termina sobre la silla de mi casa en la que te sentaste a mi lado, cuando ya no podía soportar el dolor, y la marqué, y prácticamente no permití que nadie se siente en ella, porque era tuya. Esa silla no sólo te espera, más bien, es la última carta, la que me permite decir, y de eso estoy convencida, si en días te miro a los ojos, te desarmo con los míos, si en días puedo verte a la cara, y no golpearla, más bien acariciarla, abrazarla, recorrerte el pelo y sentir que no importa, que puedo perdonarte, entonces este amor, que últimamente tanto me aqueja, el amor que callé, el amor que prohibí, el amor que me privé de desmenuzar, entonces ese amor nos salva.
but i feel this way
feel this way
i steal, i heal, and i do it again
over and over and over and over

15.2.12

'tenés suerte, es la última de chardonnay''

me olvidé los cigarrillos
este debe ser el bar del fin del mundo
el único en el que puede fumarse todavía
y estamos descalzos

chapeau, mon amour
los garabatos de tu cuaderno indican que se te cayeron las manos
si sabré de eso, la
mujer de en frente tiene el pelo corto
le roba cigarrillos al flaco que asiste su despecho,
que dijo ayer que los discos de spinetta
eran los de su amor

la botella se va
te sonreís como un loco
y está sonando un jazz del infierno, el dueño
del que tan amigo sos
quiere irse a dormir

chapeau, mon amour
salgamos del bar
dejemos de hablar de nuestras quinientas ex parejas
te quiero mostrar la imagen pagana que descubrí ayer en la cúpula de la iglesia

él
malabarista, circense
primero sofista, luego abogado, luego filósofo
luego pendejo, luego un corte de pelo
luego el porro, luego una botella de cerveza
la no existencia de la no existencia
que en el balcón de la casa de mi vieja
tipo cinco de la mañana, le dije
no te gastes, no existe
no hay - no nada

cadáver exquisito
la sal, la deshidratación, el alcohol, el día de los enamorados

entonces, él
malabarista, circense, espectador, pero sobretodo: oyente
me dedica una canción complicada
dueño del resto de las decisiones, habló de un paisaje creado por dios,
que era mentira

la estrella
ese era mi último pedido de la noche
pegoteados, acariciándonos las manos
cuánto habré vivido sin saber
que uno podía pararse en la mitad de la calle
por la que no pasan los muertos

y caminamos hasta la barranca
se nos acercó un gato, ahora fermín

(carajo, cómo extraño a mi gato)

y nos acostamos en el pasto
a mirar los planetitas
completamente encantados

para la hora en la que sonó el teléfono
teníamos tierra en los ojos, la explicación
de por qué ese era uno de los días más felices de mi vida
de por qué no había chance
ni oportunidad de interferencia
por parte de buenos aires

qué cosa más certera
toquetearte la mano, comprar unos lucky y una birra,
terminar desarmados en un banco de la plaza
(en el que no puedo parar de mover la pierna)

y vos, malabarista, circense, decís
basta, julieta
va a estar todo bien y además
en dos semanas estamos en buenos aires
me quedo en tu casa

y yo pienso, qué cosa más increíble
buenos aires, el viaje, este fin de semana
pero se termina esa puta cuarta botella y nos vamos a dormir
no soportaría el amanecer

chapeau, mon amour
qué poco que me importa destruirme las piernas atravesando la ciudad entera

entonces decís
dios, yo sé que no existís
pero por favor, que un rayo parta a la hija de puta de julieta
que nunca se cansa de caminar, ni del alcohol
de buscar placer, de sonreírse
de insistirme

fermín-to ambiguo asco ama chupa.

12.2.12


to be reminded this way, completely in love with fullness

i'm gonna


i can't beat myself
and i don't want to talk
i'm taking the cure
so i can be quiet wherever i want
so leave me alone
you ought to be proud that i'm getting good marks
la otra noche te esperé bajo la lluvia dos horas
mil horas, como un perro
y cuando llegaste, me miraste, y me dijiste 'loco, estás mojado, ya no te quiero'
debe ser que hay noches en las que la jodés
terriblemente

como si cada producto de tu imaginación
que llegás a escupir
se convirtiese en un clavo
extremadamente nocivo

(y sabemos bien, todo clavo que gira, es tornillo)

son las seis y media de la mañana
el sol está insoportable
insoportablemente drogada
bajándote un atado de puchos y una botella de agua como si
no te bajaste cinco atados en todo el fin de semana
y se te ocurre decirle
todo está en tu cabeza

a ella, que le corre la misma sangre repugnante
que a vos

todo está en tu cabeza, y encima
yo no tengo la culpa de tus desgracias
todo está en tu cabeza, y encima
me creés adicta y perfecta

fantástico, sí
estoy drogada como la mierda
mezclé un millón de pelotudeces
hace cinco años que me comporto como una pajera
tengo una herida de guerra del tamaño de una casa
me chupa bien un huevo todo
y encima lloro, no sabés cómo lloro

si no usaste los últimos veinte años de tu vida
para darte cuenta
de lo que tengo debajo del plástico
somos nada.

11.2.12

10.2.12

I can remember starving in a
small room in a strange city
shades pulled down, listening to
classical music
I was young I was so young it hurt like a knife
inside
because there was no alternative except to hide as long
as possible--
not in self-pity but with dismay at my limited chance:
trying to connect.

the old composers -- Mozart, Bach, Beethoven,
Brahms were the only ones who spoke to me and
they were dead.

finally, starved and beaten, I had to go into
the streets to be interviewed for low-paying and
monotonous
jobs
by strange men behind desks
men without eyes men without faces
who would take away my hours
break them
piss on them.

now I work for the editors the readers the
critics

but still hang around and drink with
Mozart, Bach, Brahms and the
Bee
some buddies
some men
sometimes all we need to be able to continue alone
are the dead
rattling the walls
that close us in.

9.2.12

y qué hago con los amigos, la verdad,
el lenguaje y dios. (sigue diciendo que ese es su cuerpo)

hora y media
de canciones
de

8.2.12

perdí la pregunta en el camino
y al llegar no borré, al menos no
instantáneamente

otro diría: decime vos a mí por qué me duelen

ah, y
un día en particular
ví al sol zambullirse en el mar
un privilegio que pensé no iba a tener en mucho tiempo

cuando cerré los ojos
comenzó a multiplicarse
la incertidumbre

a veces me da miedo meterme al agua

en tierra la pasamos mejor porque hay que aprender a amar aquello que existe,
que es, valga la redundancia,
lo que hay

y ya está, en serio, no en todos lados las partes vuelven a crecerte

esto no es poesía, ni de casualidad poesía
no
podrán llamarle poesía

esto es lo que me pasó en el brazo izquierdo
a principios de diciembre
tengo la tendencia a entrar en conflicto con mis extremidades

y ya está, en serio
que cuando la gravedad te obligue a caer sobre tu propio peso
yo estaré
dedicándome a lo real y posible

este día es la constancia
de que todo deseo de quimera
ha sido poderosamente utilizado en mi contra.

microcosmos

irme no fue presición,
irme fue
salir corriento

hoy no puedo llegar
a ningún lugar en el que estés

y a pesar del deseo de rasgarte las cuerdas, reitero

no necesito tus putas sobras, nunca
las necesité

y si bien tuve que hacer dormir al matadero
en Libertad no hay matadero.
voy a desencadenar
la caja boba
que tenés como pecho
amordazarla al encuentro inevitable
de nuestras papilas gustativas
al roce de mi lengua
contra las venas de tu garganta

esta noche quiero arrancarme la piel
ante la distancia inevitable
susurrándome al oído una plegaria de retorno

quiero
caminarte los tatuajes
con mi absurdo poema
con la oda que le hago
a la más hermosa de tus piernas

con ese maravilloso pasado
que te tiene inscripto, poderoso
bajo el encanto de mis miserias

con la sal de tu pelo
enredándose en mis tobillos, quiero

tu mano sosteniéndome firmemente la cabeza
obligándome a mirar
las estrellas (y otras cosas)

la inevitabilidad
con la que te quedaste dormido sobre mi cuerpo
soñando la penumbra del desahogo

buenos aires te hace imberbe
al volcarme la botella
de canto en el esternón
vacío

en una plegaria de piedad
jugando por un rato
a conservarte como entero motivo
de mi vuelta.