30.3.07

a todo color


Escondido atrás de su escritorio gris,
un ser bajo, pequeño, correcto y gentil,
atiende los telefonos y nunca está,
mira a su secretaria imaginándola desnuda y en su cama, y vuelve a trabajar.
Entra en el microcine y toma ubicación,
hace gestos y habla sin definición,
se va con la película hasta su hogar,
le da un beso a su esposa y se vuelve a encerrar a oscuras y en su sala de cuidar la moral.
Entra ella y se va desvistiendo,
lentamente y casi sonriendo,
alta, blanca, algo exhuberante, dice: "Hola" y camina hacia adelante.
Mira al hombre pequeño que se raya cuando ella sale de la pantalla.
Y el hombre la acuesta sobre la alfombra, la toca y la besa, pero no la nombra.
Se contiene, suda y después, con sus tijeras plateadas,
recorta su cuerpo, le corta su pelo, deforma su cara, y así mutilada la lleva cargada hasta la pantalla justo a la mañana.
No conozco tu nombre ni se más quien sos,
vi tu nombre en el diario y nadie te vio,
la pantalla que sangra ya nos dice adiós.
Te veré en 20 años en televisión, cortada y aburrida,
a todo color, a todo color, a todo color.

29.3.07

eclipse

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido, aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica, se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal, y de su arduo conocimiento de Aristóteles.
Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
- Si me matáis - les dijo - puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad de sus ojos. Vió que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después, el corazón de Fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vebemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Augusto Monterroso
Obras completas (y otros cuentos), Barcelona, Anagrama, 1990.

pd. eclipsame

28.3.07

27.3.07

el lenguaje de los agujeros

Era el año 1880. En Estados Unidos se hacía el censo, es decir, se contaban a todos los habitantes. Eso es algo que hacen todos los Estados cada diez años. Para ello, se entrega a la gente una ficha para que la rellene con cruces, y al final se cuenta el número de personas, y se sabe cuántos son los viejos y los niños, los hombres y las mujeres, los que han estudiado y los que no, los oficios y profesiones, el número de coches y de televisores. Para ello, a cada ciudadano se le entregaba una ficha que tenía que devolver habiendo puesto las cruces en el punto justo. Los empleados del censo se rompían la cabeza. Para contar todas aquellas cruces en todas aquellas fichas se necesitaban diez años, y sería inútil hacerlo porque en diez años se haría un nuevo censo, y los datos viejos no servirían para nada. Se convocó un concurso y se prometió un premio para quien inventara un modo más rápido para contar las cruces. El vencedor fue Herman Hollerith, quien se ofreció a contar las cruces con una máquina de su invención. Según él, bastaba transformar las cruces en agujeros y ya todo estaba hecho. ¿Agujeros? Claro, en un cartón, un agujero significaba "hombre", y ninguno "mujer". Un agujero abajo, a la derecha, signigficaba "viejo", y uno abajo a la izquierda significaba "joven". Tres agujeros en vertical indicaban a un "médico", y cinco agujeros en cruz indicaban a un "marino"... Si no era exactamente así, se parecía mucho. Con todas aquellas tarjetas perforadas, la máquina de Hollerith hacía maravillas. Manejaba (y contaba) cerca de 600 al minuto. Dentro, todo eran crujidos y luces se encendían y apagaban.

De ese modo se lograron contar las cruces en un mes y medio, en lugar de los diez años empleados antes.






Censo, Historias en Clave y Viajes Lingüísticos


llamen a Hollerith, quiero que invente una máquina para contar los agujeros de mi alma

26.3.07

B




A este hombre tengo cosas que decirle.



Sí, a vos, la B, que te la das de invisible. Te escondés trás las cortinas del offline, y cuando quiero contarle algo, me doy cuenta de que ya te diste cuenta. Sí, a vos, que me vas a sacar a dar vueltas en tu casa rodante de 3 toneladas y media. A vos, que te mandé una carta completamente paranoíca por tu falta de atención, y hoy me dijiste "che, podés enojarte si querés". A vos que SEGURO entrás acá pero tácitamente te vas así como entraste, sin dejar huella alguna, porque, justamente, sos invisible. Vos que me creaste, me pintaste, me resguardás de tu nocivo mundo, me decís "bueno, podés ser Dorian Gray por un ratito". Vos, que me llevás a McDonald's y no me dejas que te pague el desayuno, que estamos media hora para elegir a donde nos sentamos, que tenés orgasmos comiendo tiramisú, que te quiero dar la plata para el helado y salís corriendo, que me llevás a lugares loquísimos como ese de juguetes del año del pedo donde vendían la barbie de Susana Gimenez. B, te irrita que no te mire cuando me hablás, yo sé que te irrita. ¿Querés saber qué más sé que te irrita?, JA!, te irrita conocernos tanto y que cuando nos vemos nos quedemos stand-by. Te pone pensativo el no sentirme en los abrazos, y mierda, eran lo único sincero que me pasaba.


A vos, degenerado, que mi viejo dice que el arito te queda horrible y que le hice creer que eras el vecino de Sandra (te aclaro que la noche del desastre, mi papá estaba pretendiendo que te toque timbre para que me abras). Y si a vos también te digo "mirá, tengo dos amigos en capital que vienen para acá, uno mañana y otro el viernes, dales la carta a ellos" y como tal PUTÍSIMO que sos, porque hay que aclararlo, me decís "no, yo no quiero que mis palabras se manchen en manos de otras personas" (véase: cantante de Airbag, como vos decís).



¿Sabés qué, FEDERICO?,



esto era lo que quería decirte:







TE QUIERO =)

entre osos y rosas



En Gaia existieron, y todavía existen, algunos seres a los que no les basta con dormir de noche: necesitan dormir mucho más. Se trata de animales como los osos, las marmotas, los lirones y los topos, que comen mucho durante el verano, engordan y después, demasiado gordos para moverse, se refugian en un largo sueño cuando Gaia se aleja del Gran Motor y entra en las corrientes frías del espacio. Pero también había, y todavía hay, otro que caen en un largo sueño cuando Gaia se aproxima al Gran Motor, y todos sudamos y maldecimos el agobiante calor. Se trata de las rosas. Una vez han resplandecido con adornos de colores y perfumes, despojadas ya de todos ellos, se quedan adormiladas. A ese largo sueño se le conoce como "letargo", y hay quienes entran en letargo en invierno, quienes lo hacen en verano, y quienes lo hacen dos veces al año, como las lombrices y los caracoles. Los niños no entran nunca en letargo, pero a la hora de irse a dormir a veces temen caer, por error, aunque sólo sea durante el corto sueño de una noche, en el largo sueño del letargo, que dura meses.
Al final, algunos, agotados, se preguntar si no sería posible entrar en un letargo como el de los osos, despertándose justo a tiempo para cuando empiecen las vacaciones. Pero también hay niños a quienes les gusta cada vez más ir a la escuela, llena de amigos y de infinidad de cosas por descubrir, y ellos preferirían tener el letargo de las rosas, despertándose a tiempo para reiniciar el nuevo curso. Y mientras sueñan, les parece sentir el perfume de las rosas que custodian su sueño.




Letargo, Historias en Clave y Viajes Lingüísticos











qué raro que a los conejos no les pase, já,


pá, por qué ya no me regalás libros?

25.3.07

C

Con sangre en el tíntero había muerto la noche. Mi lado sádico tenía ganas de creer en sus palabras redentoras, pues tendría un hermoso y virgen lecho donde clavar sus garras e instalarse hasta el cansancio, pero no era una posibilidad. Yo sé que ella miente, pero más graves son mis mentiras.
Remontando al génesis, ¿no fue acaso ella quien me utilizó vilmente?. Claro que sí, solo que jamás pretendió admitirlo. Fue tan vulgar y amoral, que llenaba mi cama de rosas a diario para clavarme las espinas por las noches. Se valió de mis canciones, mis letras, mis libros, mis dibujos y toda cosa que pudo arrastrar a la hoguera. Cenizas fui, a tal punto de no poder escuchar, escribir, leer o dibujar. Esa mujer me maltrató tanto con su ego, que dí a parar adentro de un ropero.
Claro que, afortunadamente, la primavera se terminó. El 22 de diciembre, tras atarme a la desdicha de complacerla, partí, me fui lejos, con suerte no volvería a verla en un tiempo.
Con mi bienestar de no tenerla se resquebrajaba su alma. Un par de veces consideré, sí, el humanizarme y volver a dirigirle palabra alguna, pero no sucedió. Atrás habían quedado los intentos de un diálogo, de todo lo que se le parezca.
Al volver, con el tiempo y los debidos perdones, parecía olvidado aquel verano. Pero inclusive ahora, ya acabado, dejó un sabor amargo.
Me irrita el escucharla diciéndome al oído como le miento. Me irrita el decirle que no emito más que la verdad. Me irrita mentirme a mi misma, me irrita todo lo que tenga que ver con ella.
Quizás tenga razón después de todo, quizás no la quiero y tan solo la uso para sentirme mejor, pero no me siento mejor.

22.3.07

sobrevivirán los lepóridos a la tácita estación?

Amanece a las 5 de la mañana,
El sol radiante te despierta,
Te desperezas, bostezas,
Saludas a quienes han dormido contigo,
Sonríes, a ti mismo, a los demás, al cielo, a la tierra y el viento.
Los días durante el solsticio son enormemente placenteros,
Largos e incesantes, pero placenteros.
A veces, tienes tanto calor que transpiras un poco,
Te dejas caer de a gotas que luego te dan escalofríos.
Las nubes se reflejan en tus venas, tan radiantes,
Y entre tanto y tanto, escuchas las risas de los niños jugando en el parque,
Tan alegres y vivaces que lo percibes como si estuviera pasándote.
Las cigarras cantan por las siestas,
Por las tardes, uno que otro pájaro se posa sobre ti.
Pero los días pasan,
De un momento al otro no estás tan verde,
No te sientes tan fuerte, envejeciste de repente.
El tibio calor ha desaparecido,
Ahora no es más que rocío, que te quema y congela.
De a ratos el viento te sacude en vez de acariciarte, y te resquebraja,
No naces en la rama,
Si no que tan solo cuelgas de ella,
Te meces hacia los costados, hasta que de un pequeño, seco y corto tirón te sueltas,
Ya eres parte del aire.
Observas que todo el jardín ha muerto, o está muriendo como lo hiciste tú,
Y no hay flores.
Los infantes llevan puestos bufandas y guantes,
Y sobre el césped, no verde y radiante como antes, se deposita la escarcha.
Te encuentras con tus compañeras,
Te meces junto a ellas esperando por tocar la tierra, donde pasivamente descansarán.
El viento te recuesta en un lecho helado,
Con el paso del tiempo te mimetizas en él,
Estás hundiéndote mientras los gusanos se comen tu piel,
De tus nervaduras ya no queda nada.
El otoño te ha matado y el invierno ha sido duro para tu cuerpo.
Un día casi sin pensarlo, despiertas con el sol sobre tus ojos,
Te das cuenta que nuevamente eres parte del árbol,
Atrás quedaron las largas noches,
Los maltratos propios de las estaciones frías y la degeneración.
Estás brillante y aún más fuerte,
Eres la hoja más linda de todo el parque,
Te costó comprender,
Pero simplemente, acabas de renacer.