3.5.12


Perder la religión. Clases enteras acerca de perder la religión, de adoptar una pluralidad de religiones, acerca de la multiplicidad de creencias y de la convivencia de los ritos ya no excluyentes sino capaces de ser yuxtapuestos infinitamente.
A veces hay fotos que tenés ganas de que salgan, pero que dudás terriblemente si van a salir o no. A veces no salen, y te quedás perplejo mirando el negativo. Insistir, una vez más con el negativo es completamente absurdo, pero está bien nombrado. Tiene un nombre que le cabe.
Caber. Caberle a alguien, caberle a Julieta. Como si Julieta fuese un envase en el cual hay que depositar cosas o más bien se jacta de continuar vacío ergo hay que llenarlo. Minarlo de abundancias hasta que rebalse, entonces ni siquiera es Julieta, en la búsqueda de Julieta ni siquiera es Julieta porque Julieta se rebalsó y se encuentra por fuera de la botella o del envase y volver a meterla dentro es literalmente pedirle que caiga en cuenta de la realidad. Así podemos explicar los efímeros momentos de sobrevalorada felicidad en la que incurre esta botella.
Botella de la que juré ya no tomar por un tiempo indeterminado, botella en la que no debía pensar. Pero claro, ballena borracha, si yo adoro a esa botella. Si yo adopté a esa botella como religión. A veces me creo en las mentiras como quienes creen en que existen cruces que no se prenden fuego y además duran quinientos años y ameritan feriados. Por favor. Por favor, y en serio.
El mundo es un lugar maravilloso para transitar en tanto no se me esté balanceando el alma adentro del pecho pidiendo a gritos que me tire al piso a volcar la botella, para que me estalle por los ojos. Eso tuve en los ojos los últimos tres días. Lágrimas de canciones ajenas.

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